Reseña de un libro: The Hawks of Peace (Los Halcones de la Paz), Dimitry Rogozin. Glagoslav Press.

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A manera de introducción, quisiera darle las gracias a la editorial Glagoslav por haber traducido con valor y sin complejos al inglés, la lengua franca de nuestros tiempos, una obra que, de otra forma, hubiera quedado fuera de mis posibilidades de lectura.

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La traducción de Los Halcones de la Paz parece indicar que hay rusos que han aprendido la lección del movimiento independentista de la India, o sea que se puede utilizar la lengua de los colonizadores para liberarse de jugo colonial. ¡Enhorabuena!

“Los Halcones de la Paz” parecería a primera vista una contradicción en términos generales. Sin embargo, Rogozin no se ha equivocado de bicho plumífero. “Dicen que las palomas son las aves de la paz”, explica el autor, sin embargo según su experiencia, los políticos que van de palomas son en realidad los que “disfrazados de agentes en misiones humanitarias y de paz, llevan sufrimiento a las naciones del mundo entero. En efecto, son los halcones de principios firmes, los que están mejor capacitados para garantizar la paz en nuestros peligrosos y difíciles tiempos”. Dicho de otra manera:

“Si vis pacem para bellum”, si quieres la paz prepara la guerra, decían los romanos; la alternativa son los bárbaros en casa. Dimitry Rogozin lo sabe.

Las memorias políticas de este patriota ruso me han llegado justo en el mes en que se cumplían los 25 años de la disolución de la Unión Soviética. En este sentido, antes de entrar en el mérito de “Los Halcones de la Paz” me parece importante señalar dos artículos que pueden refrescar la memoria de los lectores acerca de aquellos acontecimientos de hace un cuarto de siglo.

El primero es un texto del catalán Rafael Poch, quizás el mejor periodista europeo de su generación; por supuesto, dentro de lo que cabe en lo que suele definirse en inglés medios de comunicación “mainstrean” es decir “establecidos o convencionales”. Siendo la hipocresía de dichos medios en la cobertura en todo lo tocante a Rusia tan profunda, eso sería como decir con una brutal pero merecida metáfora: el más alto de los siete enanitos… http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2016/12/10/hace-25-anos-28648/

El tema fundamental de susodicho artículo vierte alrededor de lo que podemos llamar nosotros la traición de las élites soviéticas en contra de sus pueblos y su país.

El otro texto, para los lectores que entienden inglés, ha sido escrito por Frederick William Engdahl, uno de los más interesantes analistas estadounidenses de geopolítica en el blog de la comunidad virtual de nuestro amigo Vineyard Saker:  http://thesaker.is/chubais-the-next-neoliberal-head-to-roll-in-russia/

En este caso se trata de una crónica detallada de la “Operation Hammer” es decir la “operación martillo”, dirigida por los servicios de inteligencia americanos en contra de Rusia durante la época de la mal llamada “perestroika”.

Los dos textos son complementarios y fundamentales para recordar el cómo y el por qué del fin de un país. Las memorias de Rogozin permiten completar el cuadro de la tragedia que se abatió sobre

Rusia, introduciendo un tercer elemento: la tentativa de destruir la nación rusa.

En efecto, el hilo conductor del libro de Dimitry Rogozin, cuyos capítulos evocan los grandes clásicos literarios rusos, es la crónica de un asalto asimétrico, sistemático, desvergonzado, sangriento y desalmado en contra de la nación rusa en los cuatro puntos cardinales del territorio de la antigua Unión soviética. Quienes buscan tópicos específicos para poder indignarse deben leer este libro que, sin falta, los acompañará en los abismos morales y a un traumatismo colectivo. Basta con subrayar que dicho asalto a la nación rusa, a veces con la connivencia de intereses oligárquicos nativos (véase por ejemplo el contexto en que estalla la primera guerra de Chechenia), ha sido marcado por humillaciones, vejaciones, esclavizaciones y matanzas que ponen los pelos de punta a cualquier persona dotada de un mínimo de humanidad y de consciencia.

El odio a los rusos que Rogozin denuncia, simplemente describiendo eventos, me parece tener la textura ideológica de aquella “Leyenda Negra” en contra de todo lo que fuera español. Dicho claramente, la ruso-fobia de hoy sigue las pautas del que quizás fue el primer intento de guerra psicológica moderna para destrozar el respeto propio, la autoestima colectiva y la dignidad de una cultura nacional entera. Hoy, les toca a los rusos encontrarse en los zapatos de los españoles de entonces presentados directa e indirectamente como “ignorantes, fanáticos, incapaces de figurar entre los pueblos cultos, dispuestos a represiones violentas, enemigos del progreso y de las innovaciones, etc…”. Un poco de aquella famosa “memoria histórica” de la que tanto se habla en la península ibérica nos vendría bien a todos…

“Los Halcones de la Paz” es también la crónica de una defensa y un proyecto de refundación de la nación rusa desde la óptica de un conservador. Dimitry Rogozin es digno nieto de su abuelo materno, un antiguo combatiente zarista, pionero de la aviación quien no dudó en poner su experiencia de piloto de guerra al servicio de la nueva patria soviética aunque Rusia estuviera entonces bajo el orden bolchevique.

Dimitry Rogozin cuenta además la experiencia del Congreso de las Organizaciones Rusas, los esfuerzos para articular una política conforme a los intereses de aquellos 25 millones de rusos que se quedaron sin país, fuera de las fronteras de la Federación Rusa. Quizás, se podría adaptar dicha experiencia para abarcar también a los expatriados y emigrantes rusos y organizar a la multitud de ruso-filos que desde luego  entienden la importancia fundamental de una Rusia fuerte para la paz en el mundo.  Ojalá se hiciese.

Roberto

PS. Ahora en estas fiestas navideñas, después de que nos haya llegado la noticia de la tragedia que ha terminado con el coro más célebre del mundo, no nos queda desde euskalrus que comunicar nuestro pésame más profundo.

Y de parte de los que somos creyentes: ¡que Dios ayude a este pueblo ruso, al cual la historia ya ha pedido y sigue pidiendo demasiado! Y qué podamos nosotros, que no somos rusos, entender como poder estar a su lado.

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