ANTIRRUSISMO: RETRATO DEL CINE Y TELEVISIÓN ANTIRRUSO

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gollivudEn el siglo XVI, en pleno apogeo del Imperio Español, empezaron a circular por Europa una serie de escritos y libelos que describían, con todo lujo de detalles, la crueldad, maldad, corrupción e inmoralidad a la que se entregaban los españoles, donde quiera que fueran. Dicha Leyenda Negra, en especial, se centraba en la conquista de América, en la cual se hablaba de las matanzas de indígenas, el expolio y la esclavización de los supervivientes. La Leyenda, que ya se había iniciado en el siglo XV en Italia, fue ampliamente difundida tanto por holandeses como por los ingleses, que veían en el floreciente Imperio Español una amenaza (Los holandeses deseaban independizarse de España y los ingleses buscaban su sitio en el nuevo orden establecido) Podríamos decir que fue la primera vez en la historia en la que se atacaba a un estado rival utilizando la propaganda. La difusión de dichos escritos fue amplia, teniendo en cuenta las limitaciones de la época. Se trataba de crear una opinión desfavorable al enemigo español, acusándole de todos los crímenes posibles y, de manera indirecta, fomentar un patriotismo contrario a dicho enemigo. Del éxito de dicha campaña puede dar fe que, incluso hoy en día, se sigue considerando la conquista de América como un acto de genocidio y saqueo (mientras que de lo mismo que hicieron los anglosajones, ampliado hasta las últimas consecuencias, apenas se habla)

Después de la segunda guerra mundial, cuando el valiente pueblo ruso dejó de ser tan amistoso, empezaron a difundirse una serie de historias y rumores acerca de lo que pasaba en la Unión Soviética. En los EEUU, se fomentó una psicosis anticomunista (y antirrusa), que se utilizó para depurar al país de espías, agentes antiamericanos y, naturalmente, de comunistas (el célebre Comité de Actividades Antiamericanas, del tristemente famoso senador McCarthy). Se editaron libros y panfletos y, sobre todo, se realizaron películas en las cuales los malos eran los rusos. Sin embargo, no fue hasta la década de los 70 y, sobre todo la de los 80 (durante la bicefalia Reagan- Thatcher), cuando la propaganda occidental y Hollywood en particular, puso toda la carne en el asador para desacreditar a la URSS y fomentar el patriotismo más burdo con el fin de frenar el comunismo, allá donde se encontrara. Da igual hablar en este artículo de rusos o comunistas, ya que para los propagandistas “aliados” (aunque la voz cantante la llevaban los yanquis, el resto de países satélites pusieron su granito de arena), no había diferencia alguna entre ellos. Así, no se hablaba de ucranianos, bielorrusos, kazajos o georgianos: todos eran rusos.

De todos los medios usados para difundir esta nueva Leyenda Negra antirrusa (o antisoviética o anticomunista), destacaron, por encima de todas, el cine y las series de televisión. Está claro que los artículos de opinión u otro tipo de publicaciones tiene una gran difusión en el público en general. Sin embargo, hace falta tener un mínimo de intelecto y formación cultural para captar todos los matices del mensaje que desea transmitir el escritor/articulista. Con el cine (o la televisión) no hace falta. Te lo dan todo hecho, bien mascado y muy simplificado: nosotros somos los buenos y ellos (los rusos) son los malos.

Rememorando mi niñez (gracias al artículo de Eurovisión) he recordado aquellas películas y series en las cuales se nos intentaba educar en lo malos que son los rusos y lo buenos (y listos) que son los americanos. Vistas ahora, no dejan de ser totalmente inverosímiles y ridículas. Me vienen a la memoria unas cuantas que, en sucesivos artículos intentaremos desgranar, aunque puedo adelantar que el argumento simplificado es el expuesto con anterioridad: los americanos son los buenos y los rusos son los malos.

Comenzaremos con una serie bastante paradigmática: Mascarada (Masquerade, 1983)

La serie en cuestión era bastante original en el punto de partida: una terna de espías estadounidenses se dedica a operaciones de sabotaje y contraespionaje, utilizando para ello a civiles especialistas en determinados campos profesionales. Tras un breve entrenamiento, estos aprendices de agentes secretos son capaces de desbaratar los abyectos planes del KGB, utilizando únicamente sus conocimientos y la ayuda de los agentes “titulares”. Rodada con la clásica estética de las series yanquis de los años 80, en algunos aspectos se decía que era una mezcla de las películas de 007 y Vacaciones en el mar. Lo realmente interesante de esta serie y que la hacía distinta a todo lo que se había filmado hasta ese momento, era que se quería transmitir la idea de que cualquier norteamericano medio era capaz de enfrentarse con éxito a espías y agentes enemigos, que se supone deberían estar buen entrenados. En este caso, y como regla general, los agentes enemigos son una panda de ineptos y tontos que se dejan engañar de la manera más simple. En el primer capítulo, tenemos a un general Soviético que está destinado a convertirse en el próximo jefe del KGB. La operación mascarada de este primer capítulo consiste en desacreditarle a los ojos de sus superiores. Como muestra, en el hotel donde se aloja cambian la conexión del agua de la ducha, de manera que al ir a ducharse, recibe un buen chorreón de alcohol. Cuando llama a sus subalternos, el agua fluye nuevamente, quedando el general como un borracho. En la escena final de ese primer capítulo, vemos al general detenido por su propia gente, mientras exclama fuera de sí: “¡esto es una mascarada!” Desde luego ya resulta difícil realizar semejante operación de despiste. En los capítulos sucesivos, como es típico en estas series, aparecen nuevos invitados y tramas nuevas. En todos ellos, se repite el patrón: agentes rusos (y aliados suyos) incapaces, torpes e idiotas, se enfrentan contra ciudadanos estadounidenses que, tras un breve entrenamiento, son capaces de enfrentarse a situaciones arriesgadas y salir airosos de ellas.

La serie, que trataba de fomentar entre la ciudadanía occidental la idea de que, con su colaboración, se puede contrarrestar el peligro comunista, no debió ser bien recibida por el público al que iba dirigida. Tal vez a ello se deba a la baja calidad artística de la serie, a pesar de contar entre su elenco con actores como Rod Taylor y Kirstie Alley y artistas invitados como Oliver Reed, Ernest Borgnine y Cybill Shepherd. Solo duró una temporada, con trece episodios. Como dice el refrán, lo bueno, si breve dos veces bueno. Y si es malo, cuanto más breve, mejor, añadiría yo.

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