
Entre las películas proyectadas durante el Festival de cine de San Sebastián, hay una (en la Sección “Perlas”) que pienso merece ser presentada a los lectores de euskalrus. Se trata de Nelyubov, la última obra de Andrey Zvyagintsev, el director de cine que se hizo famoso en “Occidente” con “Leviathan”); y es una producción mixta de Rusia, Bélgica, Francia y Alemania de 127 minutos protagonizada por actores como Mayana Spivak, Alexey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs y Alexey Fateev.
La obra es interesante no tanto porque “Nelyubov, traducido al inglés en “Loveless” y en castellano “Sin amor” haya ganado el premio del Jurado en el Festival de Cannes, lo que consecuentemente le otorga prestigio. Sino porque presenta una mirada realista sobre la sociedad rusa de la “clase media” urbana y se presta a una interpretación simbólica importante.
La historia es tristemente banal dado que trata de la desaparición de un hijo durante una disputa odiosa entre los padres involucrados en un desagradable divorcio. Los padres, no tienen más remedio que sumar sus fuerzas para tratar de encontrar al hijo.
No se trata aquí de desvelar completamente la trama sino de fijarse por un lado en los protagonistas, en los caracteres del trasfondo del filme y finalmente en identificar a los símbolos para proponer una interpretación política de la película.
Los protagonistas principales no son oligarcas pero son relativamente adinerados, profesionales con trabajos estables y están perfectamente integrados en el mundo consumista y capitalista surgido de las cenizas de la Unión Soviética. Tienen, claramente, los rasgos de narcisismo y ensimismamiento individualista, típicos de todas las sociedades mal llamadas “occidentales”: representan en suma la “nueva” Rusia liberal post-soviética.
Los caracteres del trasfondo de Nelyubov en cambio, es decir la asociación de voluntarios que ofrece su tiempo, su energía, los que aguantan frío y lluvia para las operaciones de búsqueda del niño desaparecido presentan rasgos de solidaridad colectivos, espíritu de sacrificio y disciplina de hierro, que permite tener la esperanza de qué en el tipo de sociedad civil que se está construyendo en Rusia sigue guardando en sí, aquellas semillas de solidaridad ideológicamente a la base de la infraestructura de suporte cívico y social construida a lo largo de las décadas por el Estado soviético.
Como un fantasma que aparece de repente, el personaje de la abuela merece una palabra. Una “Stalin en faldas” como la definen el la peli, pero también una mujer profundamente religiosa que vive sola en una “dacha” aislada entra en la escena porque todos se creen que el niño, asumiendo que fuera en fuga y no secuestrado, podría haber ido a refugiarse en su casa. La “babushka” es el símbolo perfecto de la conciencia colectiva: dura y sin perdón hacia los errores de la pareja y por ende del país.
El final es llamativo: porque el nivel de sufrimiento individual de los padres converge con un trasfondo político también doloroso. Han pasado los años y los padres se han re-casado pero el hijo queda desaparecido. La televisión habla incesantemente de la guerra en Ucrania y en silencio, los padres tienen reacciones de frustración e impotencia. La pérdida del hijo y la pérdida de Ucrania son paralelos que se completan en la desesperación marcada por la impotencia.
Se dice que la esperanza es la última en morir… Esperemos que “Nelyubov” sea un símbolo de tiempos que cambian y que finalmente el silencioso poder de la culpabilidad haya entrado en las conciencias de las clases de nuevos ricos urbanos cuya falta de amor cara a su proprio pueblo ha sido de vergüenza.
Roberto Scarcia Amoretti