¿PORQUÉ CELEBRAMOS EL 9 DE MAYO?

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Durante los últimos años, la asociación Vesta viene celebrando el 9 de mayo la conmemoración del 9 de mayo, Día de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi. Este año, como no podía ser menos, volveremos a realizar ese mismo evento que es un recuerdo de esa fecha tan histórica, con todo lo que conlleva.
El objeto de este breve ensayo es dar mi opinión acerca del significado de esta fecha tan emotiva, tanto para los rusos y ciudadanos de las antiguas repúblicas soviéticas, como para los rusófilos y no es mi intención dar una clase de historia; eso lo dejo para los historiadores profesionales.
Pero arrancaremos con una serie de datos de lo que supuso todo aquello:
La invasión nazi comenzó el día 22 de junio de 1941 y duró hasta el 9 de mayo de 1945. En ese tiempo, Alemania, en su momento de mayor apogeo, ocupó casi 3.200 km de frente desde las afueras de Leningrad hasta la península de Crimea. La movilización de tropas por parte del Eje (Alemania, Italia, Rumanía, Hongria y Finlandia sin olvidar la Division Azul espanola) alcanzó en el momento de la invasión casi los 4 millones de soldados. En ese tiempo, se ocuparon importantes ciudades como Brest- Litovsk, Kiev, Jarkov, Odessa, Smolensk… En los cuatro primeros meses de la Operación Barbarroja, se hicieron casi 4 millones de prisioneros soviéticos y murieron o desaparecieron más de 5. En total, entre civiles y soldados, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas perdió más de 25 millones de vidas (existen controversias acerca de esta cifra; qué más da que fueran 20 o 25 millones, la discrepancia de esos datos poco importa con la magnitud de la matanza) Sólo China se acercó a semejantes números de victimas.
Se ha convertido últimamente en una moda tratar de minimizar el impacto de la Unión Soviética en la victoria de los aliados sobre el eje, tratando de dar mayor protagonismo a las fuerzas anglosajonas (es justo reconocer que, en la guerra del Pacífico, casi todo el protagonismo se lo llevaron los norteamericanos) pero, indudablemente, tanto por la extensión del teatro de operaciones, como por la cantidad de tropas involucradas en las mismas, el mayor peso de la guerra en Europa recayó en el llamado frente oriental. Hasta el punto que casi el 80% de las tropas del eje estuvieron destinadas en dicho frente. También es cierto que los aliados contribuyeron al esfuerzo bélico soviético con la entrega de abundante material de guerra, sobre todo vía convoyes a Murmansk y Arjangelsk pero, en general, fue material secundario y el objetivo era más bien político. También es cierto que los soviéticos adelantaron de 9 días una ofensiva general desde el.Mar Baltico al Lago Balaton para salvar los Anglo-americanos en dificultad en las Ardenas. Un sacrificio soviético que debería de tomarse en cuenta, sobre todo si se tiene en cuenta de cuanto tiempo, bajo presiones Británicas, los aliados atrasaron el desembarque en Normandia.
También se habla de las políticas nazis de exterminio contra la población, pero los aliados occidentales raramente las sufrieron (excepto los judíos de dichos territorios, claro) No hubo un plan de exterminio de la población de Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca o Noruega. Hubo casos de matanzas indiscriminadas (Marzabotto, Oradour –sur –Glane,…) pero respondían más bien a operaciones de castigo o represalias, llevadas a cabo, casi siempre por miembros de las waffen SS. Y cuando se capturaban miembros de la resistencia en esas zonas, generalmente se les torturaba y asesinaba dentro de las prisiones o campos de internamiento. En el caso del frente oriental, todo era distinto. El objetivo fundamental de las campañas de invasión era, lisa y llanamente el exterminio de la raza eslava, los untermenschen (infra hombres). Se organizaban matanzas y deportaciones sistemáticas de elementos de razas indeseables (eslavos, judíos, gitanos) Sirva como ejemplo que en Belarus, en tres años de ocupación, unas 600 aldeas fueron destruidas y sus habitantes asesinados. En total, casi 2 millones y cuarto de personas fueron exterminadas por los Eintzagruppen de las SS. Ni siquiera escapaban a la brutalidad los prisioneros de guerra. A los franceses, ingleses, canadienses y norteamericanos que fueron hechos prisioneros, se les confinó en campos con un régimen severo, pero dentro de las directrices que marcaba la Convención de Ginebra. Nada de eso sucedió con los casi 5 millones de soldados soviéticos capturados. Aproximadamente 3,8 millones de ellos murieron bajo la custodia de la Alemania nazi. Se distribuyeron ordenes de fusilar ipso facto a los comisarios y mandos políticos capturados y más tarde, a los prisioneros de guerra (algunos mandos alemanes se sintieron tan horrorizados que se negaron a cumplir dichas ordenes: como los mariscales Von Bock y Von Manstein y el general Guderian) Y, naturalmente, a los partisanos apresados se les ejecutaba públicamente para que sirvieran de escarmiento. Las ciudades inglesas fueron bombardeadas por la Luftwaffe, pero se debía más a consideraciones tácticas que a una política de exterminio. Los nazis no dudaron, bajo el pretexto de capturar una ciudad como Leningrad intacta en la medida de lo que fuera posible, en sitiarla durante casi tres años. El resultado es que casi un millón de sus habitantes pereció de hambre y frío. La Unión soviética sufrió una devastación, no solo humana sino también un expolio de cuantos objetos de valor se encontraban los invasores nazis (ciertamente también ocurrió en occidente, pero casi al final de la guerra, exceptuando, una vez más, los bienes de los judíos)
No hay duda que el objetivo de la Operación Barbarroja consistía en hacer realidad los pensamientos plasmados por Adolf Hitler en su libro Mein Kampf. Así pues, en el citado opúsculo, ya se hablaba del Lebensraum o espacio vital, que se entendía como los territorios del este de Europa, que debían ser colonizados por elementos de la raza superior, la aria. Eso se haría, claro está, expulsando o exterminando a su legítimos dueños y convirtiendo en esclavos a los pocos supervivientes.
«Los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población.» (A. Hitler, Mein Kampf, 1925)
Del resultado de esa política pueden dar fe los datos expuestos anteriormente (se puede profundizar más: no hay más que leer la abundante literatura al respecto o consultar la wikipedia)
Estos son los datos. Y el motivo por el cual, todos los años desde 1945, millones de personas de las antiguas repúblicas soviéticas celebran ese día. Un día de homenaje a nuestros abuelos y familiares que, con el enorme sacrificio de sus vidas, contribuyeron a derrotar una ideología cuyo propósito consistía en esclavizar y matar a sus semejantes. Que contribuyeron a liberar a Europa y al mundo de la barbarie nazi. Por eso debemos recordarles con cariño y agradecimiento, porque gracias a ellos, estamos vivos. Por eso, aquí, en Donostia, en un lugar tan alejado de aquel escenario, rendimos nuestro pequeño y modesto homenaje a nuestros héroes, pero con toda la emoción de nuestros corazones. Por eso, gritamos con todas nuestras fuerzas,

СЛАВА НАШИХ ГЕРОЕВ! ¡GLORIA A NUESTROS HÉROES!.

P.D: Aunque celebramos la Victoria del Pueblo Soviético, quiero hacer extensivo nuestro homenaje a todos los soldados de todos los países que, poco o mucho, lucharon en esa guerra de liberación del mundo.

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