ANTIRRUSISMO: RETRATO DEL CINE Y TELEVISIÓN ANTIRRUSO (II)

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FIREFOX, LA ¿PELI? DEFINITIVA (1982)

Hace ya varios meses decidí iniciar una serie de artículos en los cuales trataba de relatar cómo, en la década de los 80 y principios de los 90, el cine y la televisión anglosajona realizó un esfuerzo en demostrar (y educar) a todo occidente de quienes eran los buenos (nosotros, los capitalistas occidentales) y quienes los malos (la Unión Soviética y satélites, claro) Tras un comienzo prometedor, por razones personales y/o laborales, el asunto quedó en Stand by (¡Toma anglicismo!) Ahora me he propuesto retomar dicha serie y espero que tenga continuidad en las próximas semanas.

ANTIRRUSISMO: RETRATO DEL CINE Y TELEVISIÓN ANTIRRUSO

Bueno, para refrescar un poco la memoria, en el primer artículo describía como en los duros años de la bicefalia Reagan- Thatcher, pudimos ser testigos de cómo, en el cine y la televisión se nos bombardeaba con películas y series de más o menos calidad en las cuales se nos enseñaba como el mundo estaba dividido en dos bloques. Uno de ellos, en el que vivimos es el lado bueno (¡faltaría más!) El otro, situado detrás del muro de Berlín, era una especie de lugar oscuro e impenetrable, donde la maldad campaba a sus anchas. Por si algún ciudadano tenía tentaciones de pasarse al lado oscuro (no lo olvidemos, estamos en una época de gran auge de los movimientos izquierdistas en occidente), estas series y películas nos mostraban la cruda realidad, en la cual, y repito hasta la saciedad, ellos no representaban más que el mal, la incompetencia y la total falta de valores que, gracias a Dios, nosotros si poseíamos. Continuando con esta serie, debo decir que este nuevo capítulo lo escribo con gran dolor de mi corazón. En efecto, porque la película que vamos a desmenuzar en los siguientes párrafos está dirigida y protagonizada nada más y nada menos que por el gran Clint Eastwood. Un excelente actor y mejor director al cual le tengo en gran estima (que se le va a hacer, uno es así) Como bien es sabido, incluso los genios, en algún momento de su vida tienen tropiezos y el gran Torino no iba a ser una excepción. Quiero creer que, imbuido en la moda de este tipo de películas, no le quedó otro remedio que perpetrar una película de espías en la cual, los buenos son los yankys y los malos… ¿lo adivinan? Pues eso, los soviéticos.
Sin más preámbulos y rollo, entramos en materia. La película, como hemos dicho fue protagonizada y dirigida por Clint Eastwood (y producida, ya que Malpaso, su productora, pertenece al mismo) Tratando de convertirse en un filme con cierta calidad, fue bastante costoso, unos 21 millones de dólares (el presupuesto más alto hasta ese momento de la productora) su título, Firefox era el nombre en clave de un asombroso avión (MiG 31), protagonista inanimado del filme. Aquí podemos observar varias variantes en la gran mayoría de las películas de esa época y de similar temática. En efecto, la trama consiste en que los soviéticos han conseguido desarrollar un súper avión hipersónico. Con una autonomía y techo de vuelo inimaginable, una velocidad de crucero de mach 6 y un armamento extraordinario. ¡E incluso era invisible al radar! (Tonterías, en la persecución final lo detectan por el calor de las turbinas) Todo esto dejaba a sus competidores de la OTAN a la altura del betún. Pero lo más increíble es que dicho avión poseía un sistema muy sofisticado de disparo. En efecto, el piloto portaba un casco llenos de sensores que eran capaces de leer el pensamiento, de manera que no le hacía falta apretar ningún botón. Blanco que seleccionaba era inmediatamente destruido. Tal como explican en la película, si los soviéticos conseguían producirlo en masa… por esa razón, había que tratar de capturar un ejemplar, analizarlo y aprender sus secretos, para que la balanza de la guerra fría continuara en equilibrio. Podemos observar que, aquí los rusos han sido más listos que los occidentales. Hasta tal punto que tienen que robarles sus conocimientos para ponerse a su altura. Solo que… Solo que los científicos e ingenieros que lo han hecho posible son “disidentes y prisioneros judíos” (¿Qué os pensabais?)
Pues bien, la película tiene tres partes diferenciadas. En la primera, se describe las maravillas del avión y hay que buscar a un candidato que lo pueda pilotar… para robarlo. (¿Robar no es malo? No, si lo hacemos los buenos para quitarles algo a los malos). El elegido es, como no podía ser otra, nuestro protagonista. En efecto, ex piloto de combate en Vietnam, hijo de madre rusa y además, con la talla y corpulencia del piloto de pruebas soviético al que tendrá que suplantar. El mayor Gantt (Clint Eastwood) sufre una especie de trauma posbélico, a raíz de ser derribado y capturado por el vietcong y, sobre todo por ser testigo de cómo sus camaradas, al liberarlo, achicharran a una niña vietnamita. Tras convencerle de que acepte la misión, comienza su entrenamiento de vuelo (no muy satisfactorio, a tenor de la cara que ponían los mandos militares del ejercito yanky) y su preparación como espía, estudiando y caracterizándose como un hombre de negocios norteamericano que, bajo su apariencia de comercial de productos náuticos, en realidad no es más que un traficante de heroína. Nuestro amigo recibe unos últimos consejos y las instrucciones para contactar con “La disidencia” (es decir, los traidores) Una vez allí, en la segunda parte de la película, podemos ver cómo las pasa canutas para atravesar el control de aduanas del aeropuerto (es piloto, no espía), es seguido de manera poco sutil por el KGB y consigue contactar con los disidentes. Como están acompañados del autentico hombre de negocias al que suplantaba nuestro piloto, los disidentes no dudan en apalearlo hasta la muerte y tirar su cuerpo al Moscova, esperando así que, desfigurado, pueda pasar como una víctima de un atraco. Ya vemos el detalle. Mientras los rusos (disidentes, pero rusos) le golpean sin piedad, el pobre de Clint, trata de impedirlo (Rusos, aunque disidentes, malos; americanos, buenos) Hay que decir, como excusa, que el tipo al que se cargan “ no era uno de los nuestros, solo un vulgar trafícate de drogas.” Después lo pasean por el metro de Moscú con una nueva identidad y, tras liquidar a un agente del KGB en un baño, consigue escapar de milagro. Ya en la guarida de los rusos buenos (los disidentes, claro) le asignan la identidad de un transportista. En todo este tiempo, aparece por ahí un coronel del KGB, inepto y tontorrón, que, a pesar de que sus subalternos tienen más seso y han conseguido identificar a los disidentes, en lugar de realizar una redada y capturarlos, espía yanky incluido, les dejan hacer, porque siente curiosidad. Nuestro piloto, acompañado del jefecillo de los disidentes, se escapan de un registro, en el cual detienen al pobre hombre al que ha sustituido Clint. En la comisaría, lo machacan a golpes y lo matan (¡Qué malos son los rusos!) y entonces el panoli del coronel del KGB se da cuenta de que hay alguien no identificado en ese grupo que creía controlado. Increíblemente, en todo este tiempo, nuestros aventureros pasan varios controles regionales, con un coche de agentes del KGB detrás de ellos sin ser molestados. Cuando el subalterno del coronel del KGB le insinúa que podría ser un agente extranjero (un astronauta o un piloto), es cuando dan la orden de detenerlos. Naturalmente, para entonces nuestro protagonista consigue zafarse de la persecución, arrojándose en marcha de la furgoneta donde viajaba y contactar con uno de los científicos judíos disidentes. Antes hay un curioso dialogo entre nuestro piloto y el jefecillo de la disidencia, reconociendo que no es judío pero que simpatiza con ellos y su causa (la libertad, siempre presente en estas películas) Una vez en la vivienda de los científicos judíos-disidentes-traidores, tenemos una nueva muestra de propaganda, en la cual, el científico no duda que va a morir pero si con ello consigue fastidiar a su país (Es judío, pero también ruso, no olvidarlo) está satisfecho. Como una especia de justicia por ser prisionero en su propia tierra (porque no tiene libertad). En la casa, le suministran una serie de indicaciones, el uniforme del teniente coronel Boskov (el piloto de pruebas ruso) y la sugerencia de que debe matarlo para evitar que le pueda perseguir en un segundo prototipo del cual nadie sabía nada (!) En la zona de seguridad, nuestro héroe se topa con el patán del coronel del KGB, que no termina de reconocerlo. Clint se refugia en los vestuarios esperando al piloto ruso. Lo deja fuera de combate pero renuncia a matarlo, como le han aconsejado los científicos (clarísimo: los judíos/rusos le dicen que lo mate: malos. Nuestro héroe americano decide atarlo y dejarlo vivo: bueno) Por si no tuviéramos bastante con la maldad de los supuestamente buenos (o mejor dicho, colaboradores con los buenos), realizan una maniobra de diversión consistente en realizar una explosión y un incendio para dañar al segundo prototipo. Maniobra en la cual mueren otros científicos, técnicos y operarios (gente inocente, pero ya se sabe, el fin justifica los medios) y en estas, nuestro héroe, el mayor Gant (Clint) se escapa, justo en el momento en que aparece, para asistir a la prueba, el secretario del PCUS ¿Chernenko?… ¿Yeltsin? (El parecido es sorprendente) Es el inicio de la tercera parte. La que en teoría tendría más acción y, para mi gusto, la más coñazo. Clint, siguiendo el plan previsto, establece contacto visual con un vuelo comercial en dirección sur y después vira hacia el ártico. En la sala de control rusa, somos testigos de la cerrazón del primer secretario, de la incompetencia de los mandos supremos y de cómo nuestro héroe está a punto de irse de rositas delante de sus narices. Pero entonces aparece en acción un coronel que tiene bastante cabeza y consigue, a duras penas, hacer entrar en razón a sus superiores. Lo que viene a continuación es un cumulo de fantasías y errores típicos en estas películas (¡aterriza en un tempano de hielo para recibir combustible de un submarino yanky!) Naturalmente, el capitán del submarino tiene el clásico humor norteamericano, chuleando a los rusos que le pisan los talones a nuestro protagonista. Y el combate final, donde nuestro protagonista sufre una de las varias crisis que podemos ver en varias fases de la película (en el baño, antes de matar al agente del KGB y en el vestuario, antes de escaparse con el avión). E incluso se le olvida que debe pensar en ruso para que los sensores lean correctamente su pensamiento. Por lo que se ve, el piloto ruso que le persigue no debía tener el pensamiento muy lúcido, porque lo tiene a tiro en varias ocasiones y no consigue derribarlo. El final, pues lo que os podéis imaginar. Mata al malo y pone rumbo a su casa, hacia la tierra de la libertad.
El resumen que podemos hacer de esta mediocre película de espías es que, aunque judíos, los rusos, en esta ocasión son lo suficientemente inteligentes como para desarrollar una arma definitiva (así se subtituló la película en España), lo cual no deja de ser algo diferente a lo que estamos acostumbrados en este tipo de películas (Hay otra parecida, que también trataremos: la caza del octubre Rojo) Los colaboradores, disidentes o traidores, a pesar de simpatizar con los adalides de la libertad, siguen teniendo es pátina de maldad, ya que, por muy amigos que sean, siguen siendo, en el fondo rusos. Y luego la notoria incompetencia de los altos mandos. A pesar de que hay algunos elementos que ven con claridad, son ninguneados por un sistema que es ya corrupto de por sí (es lo que tratan de hacernos ver, claro)
La película pasó sin pena ni gloria, aunque consiguió recaudar en taquilla casi el doble de lo que costó, permitiendo al bueno de Clint realizar nuevos proyectos. Como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga…
P.D.: la peli la vi con 13 años con un amigo. Este salió del cine entusiasmado. El menda, a pesar de mi corta edad, ya se dio cuenta de que no era más que un pastiche proyanky.

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